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El Juego de la Naturaleza
Qué interesante es notar las similitudes entre diferentes mecanismos en la Naturaleza. Es como si toda la ciencia y habilidad fuesen la creación y el juego de una mente maestra. La planta que crece en el campo y la compleja industria en plena actividad tienen tanto en común. Los misterios de una novela de detectives puede atrapar a ciertos lectores, pero los misterios de la Naturaleza y sus infinitos trucos, artimañas, rodeos, engaños, incluso aún bromas pueden ser atrayentes para aquel que lee el libro de la Naturaleza. Nos limitaremos aquí al proceso de la reproducción – que a través de sutiles artimañas y subterfugios, puede parecer, la Naturaleza combina los caracteres de dos individuos distintos sin destruir las características de las plantas padres ni arrojarse a ciegas sin rima ni razón – un proceso paso a paso tan complicado como un juego de ajedrez! No estudiaremos como la semilla de un planta se forma por la unión de un grano de polen y un óvulo – un experimento más complicado que la producción de energía nuclear. Vamos a observar por medio de qué plan algunas de las numerosas variedades de plantas consiguen hacer simplemente que el polen llegue al estigma de una flor de la misma especie. Y esto también desde observaciones no hechas por expertos y especialistas, pero a través de lo que incluso poetas y hombres simples han visto y encontrado. No es también esta una forma que tiene la Naturaleza de divertirse! En los primeros estadíos de la evolución, el vehículo más natural para el transporte del polen era el viento. Por lo tanto las primeras flores sobre la tierra fueron las anemófilas. En las plantas coníferas el polen es como globos de aire caliente. Con el sol, el aire contenido en los sacos del polen, se calienta y se expande, y el globo flota y asciende en el aire. En la sombra o en la noche, el aire en el globo se enfría, y el polen desciende volviéndose más pequeño y pesado. Pero para lograr su función tiene que arribar sobre un estigma y las chances de que esto ocurra no son muchas. La respuesta de la Naturaleza es que miles y miles de globos son lanzados al aire. Durante la primavera, en algunos años favorables, el polvo verde amarillento del polen que viene de los pinos, entra a las casas en enormes cantidades como fina arena. Una inflorescencia de Maíz puede liberar 50 millones de granos de polen. Y puede haber cerca de 30. 000 plantas en un campo. Se ha encontrado que el Ragweed, solo, libera un millón de toneladas de polen por toda Norte América cada año. Si juntásemos todo el polen esparcido por todas las plantas en todo el planeta, este polvo podría, en cantidad, remplazar todo el cemento usado por el hombre para construir casas, caminos y puentes! Ahora, ¿cuántos de todos estos granos de polen actualmente logran llegar hasta el estigma de una flor de su misma especie? Aquí hay otro ejemplo de las características y de la frecuente grandeza de la Naturaleza, que nosotros, con nuestro criterio humano, llamamos el poderoso derroche de la naturaleza. Pero la Naturaleza tiene también otros y más eficientes modos. Esto fue posible con la llegada de los insectos, millones de años atrás. El papel de los insectos en la fecundación de las plantas fue descubierto por Sprengel, el director de una escuela en Spandau, cerca de Berlín. Tenía la costumbre de pasear por los campos los domingos, y escribió un libro con sus observaciones. La respuesta fue tan hostil que los editores del ahora famoso libro, que es buscado como un clásico, incluso se rehusaron de darle a Sprengel las copias que le corresponden al autor. Y las autoridades de la escuela, al ver que Sprengel en vez de ir a la iglesia los domingos, desperdiciaba los días recorriendo los campos, se pusieron furiosos. Sprengel fue censurado y removido por negligencia de sus deberes y obligado a vivir en la pobreza. Fue sólo mucho después que Darwin tropezó con el libro. Típicamente, el profesor, perseguido y ridiculizado durante su vida, se convierte después de su muerte, en la gloria de los nativos del lugar. Sprengel descubrió que la Naturaleza había encontrado una respuesta muy ingeniosa a un problema difícil. Los insectos podían desempeñar, mejor que el viento, la función de llevar el polen de una planta a otra. Para ello primero el insecto tenía que ser atraído a la flor por sus colores brillantes y su fragancia agradable. Dentro de la flor estaba el precioso polen, pero el insecto, en vez de comerlo, era conducido a tomar algo más barato – agua dulce o néctar. De esta manera tenía que depositar el polen que había traído de una flor anterior, exactamente sobre el estigma. Mientras se iba, tenía que llevar, sin saberlo, nuevo polen para depositar en la siguiente flor. El primer problema, por lo tanto, que la flor tiene que resolver en su intrigante juego es tomar la decisión correcta entre vario visitantes. Es obvio que un mecanismo automático el cual trabajará con un abejorro no puede ser puesto en acción por una mosca y de la misma manera una polilla no puede realizar el papel de una abeja. La figura 1 muestra diferentes flores adecuadas para abejas, abejorros, polillas y mariposas. |
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Cuando el trébol rojo fue introducido en Australia, creció bien pero no pudo reproducirse. Finalmente abejorros adecuados tuvieron que ser soltados antes de que la planta pudiera multiplicarse. Hay algunas flores que flotan tan libremente en el aire y cuyo néctar está tan profundamente escondido dentro de una larga corola, que solamente puede ser alcanzado por el colibrí. Ellos aletean por sobre la flor como helicópteros. “Para colibríes solamente” anuncia la flor y espolvorea la espalda del pájaro con polen de sus estambres, mientras el colibrí aletea y succiona el néctar desde el profundo interior de la corola. |
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Esta simbiosis entre plantas particulares, pájaros e insectos es el juego más fascinante de la Naturaleza. Las boca de dragón están cerradas con una trampa tan pesada que sólo los grandes abejorros pueden levantarla. Las bolas de la Fucsia sólo pueden ser alcanzadas por insectos extremadamente habilidosos como las abejas. Sólo un visitante tan inteligente y tan tenaz como la abeja entrará suficientemente bien adentro de la flor de salvia y presionará su cabeza lo suficiente contra el filamento de los estambres de tal forma, como los botones de una máquina de escribir, los estambres lo golpearán en la espalda, e imprimirá con el dorado brillante del polen la inscripción “has visitado la flor de salvia”.
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Las abejas son ciegas al rojo, mientras que el violeta las estimula y su color favorito es el amarillo. Posándose en una flor el insecto sigue las líneas de muchos colores que lo guían hacia el néctar adentro. Cuando la flor del árbol del castaño se abre es de un amarillo pálido. Cuando madura el amarillo se torna en un naranja brillante. Sólo entonces la abeja entra en la flor. Una vez que es fertilizada las “líneas del néctar” cambian su color y se vuelven púrpura. Las abejas que llegan ahora, simplemente se pegan la vuelta sin entrar.
La Naturaleza está llena de una gran variedad y de ingenio. Una de las creaciones más magníficas de la Naturaleza es la Orquídea. Crece como un parásito en los árboles. Su “transportista” es el abejorro y la manera en que lidia con ella es única. El abejorro simplemente tiene que sentarse en el “banco” rosado que se encuentra a la entrada y un suntuoso plato sale desde el restaurante automático que tiene adentro. Esto se debe a que el peso del abejorro activa una palanca que saca un plato con la forma de una hermosa concha llena de una sabrosa sustancia cremosa. Habiendo terminado su comida, el abejorro levanta la cabeza y la frota por toda la parte interna de la flor y golpea contra el cartel pintado de blanco del restaurante. Una punta afilada en el borde se clava detrás de la cabeza del abejorro, que mientras intenta liberarse de él, despedaza el cartel y se lleva el malicioso regalo de la flor, como las púas que llevan clavadas los toros en la arena. Con esta punta, que tiene dos sacos de polen en el extremo superior, el insecto se va volando. Estos dos sacos, que se balancean sobre la cabeza del insecto como un pluma, suavemente se curvan hacia delante y se colocan delante de los ojos del abejorro como un par de gafas. Una nueva orquídea se presenta ante él, y a pesar de la desagradable experiencia anterior, el insecto no puede resistir la tentación. Se posa sobre el banco rosa, y por arte de magia un nuevo y sabroso plato aparece. El abejorro hunde su cabeza para lamer y el polen, depositado de manera muy precisa sobre el estigma, allí está esperando, detrás del plato. Los sacos de polen se alejan para dar lugar a una nueva serie de púas las cuales se clavarán en el insecto cuando este abandone la flor como un toro volador. Así, de flor a flor, nuestro abejorro sucesivamente y exitosamente es atacado con arpones y aliviado de los mismos. |
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Efectivamente la Naturaleza tiene su propio sentido del drama y del humor. No hay dudas de que las flores atraen a los insectos con su forma, color y perfume. Pero también hay muchos misterios y excepciones que nos hacen dudar al momento de dar simples y puras explicaciones racionales. Algunas flores atraen a los insectos y otras, no. Aún así estas últimas no están de ninguna manera en una peor situación. Algunas flores tiene olor y otras no lo tienen, incluso así son tan visitadas por los insectos como las otras. Uno no siempre ve la ventaja en la presencia de estas características o en la desventaja de su ausencia. ¿Por qué todo esto? Qué uso tiene una regla, cuando las excepciones son tantas que no se sabe si la regla es la excepción o viceversa?
Uno sólo puede maravillarse con la belleza y el misterio y la infinita variedad de la Naturaleza. (Basado en “EL Libro de la Naturaleza” del Dr. F. Kahn) |
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